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14.4.19

Abogado de la familia de Berta Cáceres: "Está probado que la mandó matar una estructura empresarial"

13. April

Victor Fernández y Martín Hernández, impulsores del movimiento Causa Berta Cáceres, que busca justicia sobre el asesinato de la activista hondureña, hablan con 'Público' sobre los constantes ataques que sufre el activismo medioambiental en América Latina.

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7.4.19

Honduras: "Solo tenemos un país, y hay que rescatarlo"

Los hermanos Martín y Víctor Fernández recibieron esta semana el premio de solidaridad de la ciudad de Bremen por su lucha por los derechos humanos en Honduras.

Víctor y Martín Fernández, premiados en Bremen

22.2.19

Honduras – Crisis humanitaria y política versus US-geopolítica


por Thomas Raabe, publicado en revista alemana Tierra y Libertad N° 80

Protestas en Tegucigalpa en diciembre 2018 Foto: Luis Méndez
Para el 27 de enero de 2019 los políticos de la oposición, representantes de organizacionesde derechos humanos y movimientos sociales lanzaron un llamado a la población a participar en protestas en contra el régimen de Juan Orlando Hernández.[1] Hace un año, Hernández comenzó su segundo mandato a través de una re-candidatura inconstitucional y después de un comprobable fraude electoral. 

Desde el fraude electoral la población se ha venido manifestando. Mediante pancartas y cánticos se exige la dimisión de Hernández. “Fuera JOH” gritan los manifestantes. Exigen la liberación de los presos políticos y el fin de la narcodictadura. Según los últimos hallazgos de la fiscalía de Nueva York, hay conexiones entre altos funcionarios y miembros de la familia Hernández con los delitos relacionados con las drogas. El hermano del mandatario Hernández, Juan Antonio “Tony” Hernández fue detenido el 23 de noviembre de 2018 en el aeropuerto de Miami, (E.E.U.U). Devis Leonel Rivera Maradiaga, líder del cártel de la droga hondureño Los Cachiros, que esta detenido en Estados Unidos, lo esta acusando de estar involucrado en el narcotráfico. Tony Hernández hizo contrabando con toneladas de cocaína a los Estados Unidos. 
 
Protestas en San Pedro Sula Foto: Radio Progreso
A pesar de la manipulación electoral y el tráfico de drogas por parte de altos funcionarios y familiares, Hernández cuenta con el respaldo de Estados Unidos. El Comando Sur de Estados Unidos (Southcom), responsable de las operaciones militares en América Latina, mantiene el cuartel general de una Task Force Bravo -una unidad especial de Southcom - en la Base Aérea estadounidense Soto Cano (en Palmerola, Honduras). En los últimos años, se han establecido cuatro bases militares adicionales de los Estados Unidos en Honduras. El 22 de enero de 2019 (un día antes del intento de golpe de estado en Venezuela) Craig Faller, jefe del Comando Sur, se reunió con Fredy Díaz Zelaya, actual ministro de Defensa, para discutir “asuntos de seguridad y la paz” en la región.[2]
 
El balance del año pasado salió mal: El ejército y la policía tomaron medidas contra las protestas utilizando gas lacrimógeno y balas vivas. Más de 33 personas fueron asesinadas durante las protestas postelectorales.[3] Muchos de estos asesinatos fueron perpetrados de manera demostrable por la policía militar y hasta ahora han quedado impunes. Regiones en las que la población protesta contra proyectos ilegales como las centrales hidroeléctricas y la minería han sido militarizadas.

Diputados y funcionarios del partido en el gobierno, el Partido Nacional, están involucrados en varios escándalos de corrupción. Al hacerlo, se dice que han gestionado millones de fondos públicos en sus propios bolsillos a través de organizaciones no gubernamentales creadas especialmente para ello. Según un estudio de la ONG Fosdeh, el número de hondureñas y hondureños que viven en la pobreza y la extrema pobreza aumentó drásticamente entre 2010 y 2018.[4]

A estos escándalos se suma el alto nivel de violencia. Sólo en los primeros 15 días de 2019 se llevaron a cabo ocho masacres en las que murieron 27 personas.[5]

Otro indicio de la crisis son las miles de hondureñas y hondureños que hasta ahora, en cuatro caravanas, han marchado hacia a los Estados Unidos en busca de seguridad y trabajo. Hasta el 20 de enero partió un cuarto grupo de alrededor de 400 personas de la ciudad norteña de San Pedro Sula hacia Guatemala.[6]

29.1.19

A 1 año de dictadura: insurrección permanente

Protestas postelectorales 2017 Foto: Delmer Membreño
A un año de auto imponerse la narco dictadura, desde el Movimiento Amplio reivindicamos con
mayor poderío el “FUERA JOH”, pero reiteramos que lo queremos fuera y preso, por ser uno de los principales dirigentes de una clase     política-económica criminal y corrupta que han asaltado a todos los poderes e instituciones constitucionales del Estado para adueñarse de los bienes y recursos que deben ser públicos y de beneficio colectivo. JOH y sus funcionarios -socios en lugar de construir y garantizar una gobernabilidad justa, equitativa, inclusiva y transparente- se han encargado de entronizar el crimen, el abuso, el narcotráfico, la impunidad y la corrupción como práctica de una dictadura cruel e injusta.


6.7.18

Libertad para los presos políticos a 9 años del golpe de Estado

Las organizaciones que conforman la recién creada red europea por Honduras encabezan una petición internacional al gobierno hondureño por la puesta en libertad de los presos políticos y cesar la persecución judicial contra tod@s l@s detenid@s en el contexto de la crisis electoral en noviembre de 2017 y de las protestas que se generaron para denunciar el fraude y en favor de la democracia.

https://www.facebook.com/cadeho.alemania/media_set?set=a.765671533635508.1073741867.100005780044194&type=3 Se cumplen nueve años del golpe de Estado en Honduras y la prisión constituye uno de los rasgos que caracterizan la situación política nacional. Un informe reciente de la ONU (03.2018) detalla las violaciones de derechos humanos generadas por las fuerzas del orden público ocurridas entre el día de la votación, el 26 de noviembre, y la toma de posesión del Presidente, el 27 de enero. Miles de personas fueron detenidas arbitrariamente principalmente entre el 1 y el 5 de diciembre en el marco del Estado de excepción que se declaró en esos días. Se observaron arrestos masivos e indiscriminados, allanamientos ilegales de viviendas, aumento de las amenazas y el hostigamiento contra periodistas y otros trabajadores de los medios de comunicación, así como contra activistas sociales y políticos. Estas medidas tuvieron el efecto de limitar el derecho a la reunión pacífica y de asociación y produjeron más de 30 muertos relacionados con las protestas. 


23.5.18



Voces de solidaridad de compañeras y compañeros del colectivo CADEHO a diez años de la formación del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia MADJ.

22.6.16

Berta Cáceres figuraba en una lista de 'objetivos a eliminar' del ejército hondureño



escrito por Nina Lakhan el 21 de junio de 2016 – publicado en TheGuardian y ElDiario
Berta Cáceres fundó en 1993 el COPINH junto a una docena de compañeros y compañeras para defender los territorio indígenas / © Goldman Environmental Prize

Un exsoldado ha revelado que el nombre de Berta Cáceres, la ambientalista que fue asesinada en marzo, figuraba desde hacía meses en una lista negra en manos de una unidad especial del ejército hondureño entrenada por Estados Unidos. El sargento primero Rodrigo Cruz, de 20 años, asegura que dos unidades de élite recibieron listas con los nombres y las fotografías de una decena de activistas, con la orden de matarlos.

El comandante de la unidad de Cruz, un teniente de 24 años, no quiso cumplir la orden y desertó. Cruz, que ha pedido ser identificado con un seudónimo por miedo a represalias, siguió su ejemplo y huyó a un país vecino. Muchos otros miembros de esa unidad han desaparecido y se teme que estén muertos.

"Si regresara a casa, me matarían. Diez excompañeros han desaparecido. Estoy completamente seguro de que Berta Cáceres fue asesinada por el ejército", ha explicado Cruz a The Guardian. 
Cáceres, una líder de la comunidad indígena lenca, que ganó el prestigioso premio ambiental Goldman en 2015 por su campaña contra la presa hidroeléctrica de Agua Zarca, fue abatida a tiros en su casa en marzo de este año. Con anterioridad, había denunciado 33 amenazas de muerte vinculadas con su campaña y se había puesto en contacto con representantes de organizaciones internacionales de derechos humanos para decirles que estaba en una lista negra. 

Según Cruz, el nombre de Cáceres figuraba en una lista que fue entregada a una unidad de la policía militar de la Fuerza Nacional de Seguridad Interinstitucional (Fusina). El año pasado, unos 200 soldados estadounidenses y agentes del FBI entrenaron a esta unidad.

Cinco hombres han sido detenidos por este asesinato, entre ellos, el Oficial General Mariano Díaz Chávez, que estaba en servicio activo. Antes había participado en unas operaciones conjuntas de los ejércitos de Estados Unidos y de Honduras en Irak, y según los medios de comunicación locales completó el curso de operaciones de élite Tesón, que en parte es impartido por fuerzas especiales de Estados Unidos. En el momento de su detención, Díaz formaba a policías militares. Ha sido destituido con deshonor.

Annie Bird, directora del grupo Derechos y Ecología, que hace un seguimiento de los abusos de los derechos humanos en Honduras, ha señalado que "el relato de Cruz deja entrever la existencia de escuadrones de la muerte cuyo objetivo es matar a los miembros de la oposición, pero el sistema judicial está controlado directamente por personas implicadas con casos de corrupción y nadie en el país puede impulsar una investigación veraz e independiente". 
The Guardian entrevistó a Cruz en diversas ocasiones, por teléfono y por videoconferencia, y también habló con académicos y líderes y activistas de la comunidad que a su vez hablaron con Cruz y confirmaron su identidad y su pasado militar.

Entrenados para matar

Cruz se alistó en el ejército en diciembre de 2014 y tras tres meses de entrenamiento básico fue transferido al Séptimo Batallón de la policía militar, que fue creada en 2013 con el objetivo de sustituir a la fuerza de policía civil que había sido acusada de corrupción y de cometer abusos. 
Completó dos extenuantes campamentos de entrenamiento especializado, entre ellos el curso Tesón. En este último curso lo instruyeron militares estadounidenses, colombianos y de otro país que Cruz no pudo identificar. El año pasado, el curso Tesón fue objeto de mucha polémica porque se difundieron imágenes de un participante al que obligaban a comerse la cabeza de un perro. 

Durante el curso Cruz tuvo que ser hospitalizado en dos ocasiones por deshidratación, pero consiguió terminarlo y en octubre del año pasado Cruz y otros 15 hombres de su batallón fueron asignados al cuerpo especial Xatruch, una de las dos fuerzas integradas por múltiples organismos de Honduras y que se despliegan para servir en operaciones de lucha contra las drogas y las maras. 
El cuerpo especial Xatruch cubre la costa del Caribe, que se ha convertido en un importante punto de paso para los cárteles que introducen cocaína a Estados Unidos desde América del Sur. El segundo cuerpo especial, Fusina, tiene operaciones en todo el país.

A mediados de diciembre, un martes por la tarde, el comandante de Cruz reunió a sus hombres después de un partido de fútbol y les mostró varias hojas de papel con nombres, fotografías, direcciones y números de teléfono de las personas que figuraban en la lista negra. La unidad de Cruz se hizo cargo de una de las listas. Una unidad similar de Fusina se quedó con otra lista.
"El teniente nos indicó que no estaba dispuesto a cumplir esa orden porque las personas que debíamos matar eran civiles decentes que defendían los derechos de sus comunidades. Dijo que los jefes del Estado Mayor habían dado esa orden y que el comandante de Xatruch lo estaba presionando para que la cumpliera", explica Cruz.
Unos días más tarde, el teniente se fue de la base militar y no lo volvieron a ver.

La lista de la muerte

Esta no había sido la primera vez que Cruz había visto esa lista. Unas semanas antes, en Punta Piedra, una localidad situada en la costa caribeña, había recogido unos documentos parecidos que se le habían caído a su comandante dentro del jeep que Cruz conducía. "Solo los tuve en mi mano unos 20 o 30 segundos pero identifiqué algunas fotografías, que se correspondían con los líderes de la región de Bajo Aguán. No dije nada", cuenta Cruz. 

El cuerpo Xatruch está desplegado en la región de Bajo Aguán, que se ha convertido en el escenario de violentas disputas por la tenencia de la tierra entre magnates que se dedican a la producción de aceite de palma y los agricultores locales. Más de cien personas, la mayoría campesinos que defendían sus derechos, han perdido la vida en manos de las fuerzas del Estado o de servicios privados de seguridad. 

Entre los nombres que aparecían en la lista Cruz vio el de Juan Galindo, un activista que huyó de la región tras recibir amenazas de muerte pero que fue asesinado en noviembre de 2014 cuando volvió a casa para ver a su madre enferma. Cruz también reconoció a Johnny Rivas y a Vitalino Álvarez, miembros destacados del Movimiento de la Unión de Campesinos (Muca). Los dos hombres figuran entre los 123 activistas del Bajo Aguán que según un informe publicado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 2014 requerían medidas de protección urgentes. 
Álvarez, de 52 años, que ha sobrevivido a cuatro intentos de asesinato desde 2010, indica que "existe una estrategia para acabar con los líderes más reivindicativos. Desde el asesinato de Berta muchos rumores me ponen ahora a la cabeza de la lista".

Los grupos de derechos humanos han condenado el apoyo que brinda Estados Unidos a las fuerzas de seguridad hondureñas, ya que cada vez hay más pruebas de los abusos sistemáticos de la policía y los militares. En abril los activistas alertaron al Congreso de que los escuadrones de la muerte tenían a destacados opositores como objetivo principal, como ya pasó durante la "guerra sucia" de la década de los ochenta.

Según los cálculos del Departamento de Estado y del Departamento de Defensa, desde 2010 Estados Unidos ha ayudado a la policía y al ejército hondureño con unos 200 millones de euros, con el objetivo de luchar contra el crimen organizado y la inmigración ilegal. Además, Honduras es uno de los países que se benefician de los 700 millones de euros del Fondo Alianza para la Prosperidad; una dotación aprobada por el Congreso con el fin de frenar la violencia en el Triángulo Norte de Centroamérica. 

Los dos paquetes de ayuda exigían el respeto de los derechos humanos sin que hasta la fecha esto haya tenido ninguna consecuencia, si bien el último informe sobre derechos humanos del Departamento de Estado indica que "los homicidios ilegales y arbitrarios y otros crímenes cometidos por miembros de las fuerzas de seguridad" siguen siendo uno de los problemas más graves del país. 
Ni el ministro de Defensa de Honduras ni el Departamento de Estado de Estados Unidos quisieron hacer comentarios, a pesar de las reiteradas peticiones de The Guardian.

Asesinatos y torturas

Después de la deserción del teniente de la unidad de Cruz a mediados de diciembre, a cada uno de los miembros de la unidad se le asignaron misiones distintas. Cruz trabajó durante unos diez días con el comandante del Cuerpo Xatruch. 
Durante este breve espacio de tiempo, Cruz explica que lo despertaban en medio de la noche para que llevara bolsas de plástico de color negro al río Tocoa, en Bajo Aguán. Allí sus compañeros tiraban desde un puente restos humanos. También afirma que vio una "sala de torturas" cerca de un complejo militar situado en la localidad de Bonito Oriental: "Nunca vi a nadie pero sí sangre fresca, un martillo, uñas, cadenas y tenazas".

Poco después, a Cruz y a sus compañeros les dieron un permiso. En ese momento, preocupado por su seguridad, Cruz decidió huir y cruzó la frontera ilegalmente, ya que el ejército se había quedado con sus documentos de identidad. Ahora está escondido y su familia explica que la policía militar ha preguntado a los vecinos si saben su paradero. 

Lauren Carasik, el director de la Clínica Internacional de Derechos humanos de la Universidad Western New England señala que Estados Unidos no puede seguir mirando hacia otro lado. "Las pruebas son irrefutables y Estados Unidos debe interrumpir la ayuda militar a Honduras, un país sumergido en un baño de sangre permanente desde el golpe de Estado de 2009".
La violencia en el país aumentó de forma espectacular tras el golpe militar de julio de 2009 que terminó con la presidencia de Manuel Zelaya.  

Los activistas ambientales sufren las consecuencias de esta represión desde que el gobierno de derechas concedió los permisos para que se impulsaron cientos de megaproyectos, entre los que se incluyen minas y presas hidroeléctricas en ecosistemas vulnerables. Al menos 109 activistas han sido asesinados de 2010 a 2015 y Honduras se ha convertido en uno de los países más peligrosos para los defensores del medio ambiente. 

Cada vez son más los políticos estadounidenses que se muestran preocupados por la situación. 
En agosto de 2015, 21 miembros del Congreso escribieron al Secretario de Estado, John Kerry, para trasladarle problemas específicos que plantea el apoyo estadounidense a Fusina, que ha sido acusada de graves violaciones de los derechos humanos en repetidas ocasiones. 

La semana pasada, el congresista Hank Johnson presentó la propuesta de Ley Berta Cáceres para los derechos humanos en Honduras, que congelaría la ayuda económica de Estados Unidos hasta que cesen las violaciones de los derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad.

"Damos millones de dólares a Honduras pero las mismas fuerzas que deben velar por la seguridad están atacando y asesinando a defensores de los derechos laborales, el medioambiente y los derechos humanos, como Cáceres, sin que las autoridades reaccionen", lamentó Johnson.

La hija de Cáceres, Bertita Zúñiga, señala que el relato de Cruz refuerza todavía más el llamamiento que ha hecho la familia para que un organismo internacional e independiente investigue el asesinato y encuentre a los responsables. 

"Su relato demuestra que hay escuadrones de la muerte en las fuerzas armadas, que se utilizan como instrumento para eliminar a todos aquellos que se oponen a los planes del gobierno. Demuestra que las violaciones de los derechos humanos forman parte de la política de Estado de Honduras". 

Traducción de Emma Reverter